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sábado, 20 de febrero de 2010

Pensamientos

Pensamientos

Me acerque a la alacena con un poco de miedo, y cabizbaja

-Ey! azul detente!- me grito mi padre
-que pasa!-dije asustada, pensé que había una rata o algo así, aunque en mi casa no eran comunes las ratas
-no, solo te queremos preguntar donde desayunaremos- me dijo sonriente mi padre
-que?- eso pues me había dejado admirada- pues aquí no? En mi casa?
-no definitivamente no!- me dijo mi madre, la miro mi padre
-es que creo que, ya que es la ultima ves que podrás desayunar en la ciudad creo que seria lo mejor llevarte a un lado- me dijo mi papa, dude un poco antes de responder
-pues vamos al restaurante de la cuarta, ¿creen que hay esta bien?
-en definitiva vamos, si es lo que quiere mi hija, solo hay que meter las maletas al auto- salimos de la casa yo cerré la puerta le estaba dando el ultimo vistazo a mi hogar.
Llegue al viejo auto gris de mi padre, le decía vejo auto porque anteriormente mi padre si había tenido un auto mas viejo donde casi había vivido toda mi infancia, el nuevo auto de mi padre era un Chevrolet 2000, era algo claustrofóbico si en la parte trasera iban mas de tres, pero este día no, era la gloria, no estaba mi hermana ella andaba de viaje con un muy buen amigo; era bueno y malo que ella estuviese fuera, malo porque pasaría mucho tiempo antes de verla, pero bueno porque podría subir mis pies al sillón y tratar de pensar en lo que estaba haciendo, la cajuela no se lleno con mis cosas ya que llevaba pocas maletas, mi padre no podría pagar por mas maletas así que en fin, me puse mis audífonos he inicie a escuchar un poco de mi música favorita.
El restaurante era un lugar pequeño, y al igual que el lugar servían poco, suficiente para apagar la poca hambre que llevaba.

En el lugar había pocas personas, nos pasaron muy rápido mas rápido que de lo que esperaba, de las gentes que estaban presentes, bueno las únicas presentes eran un par de parejitas y un señor bigotón que leía el periódico me entere que el equipo de fútbol soccer nacional le había ganado a su peor contrincante, y ya no supe mas porque el señor guardo el periódico al parecer no le gusto que lo leyera a escondidas de su periódico, nos sentaron entre las parejitas de novios, una parecía que quería esconderse, era un amor secreto inicie a imaginar, y la otra… la otra era una parejita que no duraría mucho, en fin sentía como el año pasado, sentía que estaba en la decisión de mirar las olimpiadas o mirar las típicas noticias sádicas, tontas y sin sentido de siempre; la parejita oculta en el rincón eran las olimpiadas y la pareja presumida era las noticias, lo único malo aquí era que no podía apagarlas e irme a otro lado, en fin me puse a mirar a las “olimpiadas”, como lo había hecho de la misma forma el año pasado; por extraña razón me imaginaba que mis padres habían sido iguales a ellos, era algo extraño pero lindo los dos tenían eclipsados los ojos, se miraban el uno al otro con tanto amor, y nuevamente mi imaginación inicio a trabajar; pensé que ella lo estaba mirando como si fuera la más linda estrella en el firmamento y el la miraba como si fuera la rosa perfecta; ¿si tuviera un novio me miraría así? En esos momentos carecía de novio, bueno nunca en mi vida había tenido uno, pero yo me imaginaba que tendría un chico guapo educado y que me amara con toda su vida-aunque me había hecho a la idea de nunca encontrar al príncipe azul, y más bien casarme con el rey feo del carnaval aunque prefería seguir soñando- en fin mi padre tubo que romper mis cavilaciones amorosas.

-¡azul que vas a ordenar!
-amm… la orden cinco… y una coca-cola- le sonreí a la mesera que tenía cara de fiasco, en fin se retiro a pedir nuestras ordenes a la cocina, yo regrese a la vista a la mesa de la linda parejita pero se había ido, -suspire y no supe el porqué-, solo habían quedado los platos sucios y la propina, volví a suspirar pero ahora por nostalgia, no volvería ver a mis padres en un buen tiempo, lo cual me dolía con el alma entera, no vería a mi loco padre que era el único que me seguía la onda, y mi madre mi dulce madre que aunque nos pelaríamos muy seguido la quería mucho, y mi hermana que tal si llegaba de sorpresa ya la extrañaba demasiado como para extrañarla más, y porque no también extrañaría a mi Lalo un pequeño gato gris que lo quería mucho, a mis amigas del colegio, a la misma ciudad, el mar, el malecón, extrañaría todo, sentía como si lágrimas quisieran salir de mis ojos, no quería llorar y no podía, de la misma forma que extrañaría todo eso extrañaba de la misma forma o hasta mas a mi mejor amiga Angélica era mi mejor amiga, las dos éramos extrañas y por eso mismo nos comprendíamos las dos; no quería llorar además porque si mis padres notaban que no estaba lista cancelarían el boleto y me regresarían a casa y no quería eso, tome aire y me relaje, no tenia que estar triste miraría a mi mejor amiga, la que extrañaba con toda mi alma, me acorde de algo gracioso entre ella y yo inicie a reír mis padres me miraron como una loca.

Llego la mesera me entrego mi orden, con tanto pensar me había dando hambre así que me lo comí todo, mis padres se quedaron platicando un rato entre ellos, yo había dejado mi computadora en el auto, una laptop que había pedido cuando cumplí trece años y que dos años después me la dieron, la utilizaba más que nada para escribir historias y todo eso, mi padre pidió la cuenta, la mesera con cara de fiasco nos la trajo salimos a la sala de espera, en ese lugar había maquinas de esas que le echas dinero y te sale un anillo o dulce o algo por el estilo, sabía que ya estaba suficientemente grande para esas cosas, pero los anillos que salían hay eran lindos, le pedí dinero a mi mama que era la que me daba el dinero, eche el dinero y lo que me salió fue un anillo de lo más raro, pero me había gustado era un alíen, si hubiera estado mi hermana le hubiera cantado una canción extraña, y hubiéramos reído un rato.
Mi padre me llevo al aeropuerto, ya se sabía la ruta trabajaba en el, me llevo a la puerta que me tocaba y todo eso, mi madre me abraso

-cuídate- me dijo mi mama
-claro… te quiero- le regrese el abraso, ella comenzó a llorar- ma’ no llores
-lo siento- me dijo limpiándose las lágrimas, yo le sonreí
-hija cuídate- me dijo mi padre pidiéndome un abraso, se lo di, nuevamente sentía que lágrimas llegaban, pero no las saque, no quería, era feliz ¿¡porque quería llorar!?
-igual ustedes- les dije con un casi inmutable nudo en la garganta, abrace a los dos al mismo tiempo
-pasajeros del vuelo número ciento veintiocho pasar a la puerta cinco- hablo una mujer por el altavoz
-ese es mi vuelo- les dije a mis padres, les sonreí me gire y me acerque a la puerta, me recibieron el boleto, me despedí con la mano de mis papas que me miraban a lo lejos, suspire y me dirigí a la puerta del avión, ya dentro busque mi asiento, me había tocado el ultimo asiento con ventana, era uno solitario junto a los asientos de las aeromozas , se soltó una lágrima que rodó por mi mejilla, suspire de nuevo tenía tres o cuatro horas de vuelo para recuperar mi estado de ánimo, solo por Ann, mire por la ventanilla, todavía no despegábamos pero faltaba poco para hacerlo, la aeromoza daba instrucciones al frente, solo me amarre el cinto de seguridad, dudaba que pasara algo, además si caía el avión morir era inevitable.
La aeromoza me ofreció agua, yo la acepte, mi garganta estaba seca, saque de mi bolsa de mano un libro viejo que me encantaba leer, ya estaba desgastada la pasta, las hojas estaban amarillas de lo antiguo, estaba lista para llegar con mi mejor amiga, había dejado atrás el dolor de dejar a mis padres, estaría en continuo contacto con ellos.
-arribaremos a la ciudad en unos momentos, por favor permanezca en su lugar- menciono una aeromoza, después menciono en otros idiomas lo mismo.
Ya podía bajar del avión fui la ultima que lo hizo
-¡azul!- me abrazo Angélica al verme a lo lejos, al verme pasar la puerta de salida del avión
-¡Angelica!- hice lo mismo, solté una lágrima de felicidad que la limpie rápido.

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